¡Aquí sí pasa! En Bogotá, mi Ciudad, mi Casa antes de que el hip hop llegara a los grandes escenarios, hubo esquinas donde se compartían discos, se improvisaban rimas y se ensayaban pasos de baile. Esa memoria, lejos de ser un asunto exclusivamente nostálgico, atravesó la programación de Hip Hop al Parque, que el 24 y 25 de octubre de 2026 reunió distintas generaciones y procedencias alrededor de una cultura que ha hecho del barrio una fuente de creación, identidad y reflexión social.
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Durante dos jornadas, el festival propuso un recorrido por las distintas maneras de entender el hip hop, desde sus códigos más tradicionales hasta las exploraciones que amplían sus fronteras musicales.
La apuesta curatorial, sintetizada en el concepto En la esquina se escribe la historia, encontró su sentido en la diversidad del cartel. Agrupaciones y solistas con trayectorias consolidadas compartieron programación con proyectos que construyen su camino desde Bogotá y otras ciudades colombianas. El rap apareció como una forma de narrar las condiciones de vida en los territorios, cuestionar las desigualdades, elaborar experiencias personales y desarrollar lenguajes propios a partir de la producción musical.
Sábado: Bogotá, México y España en un recorrido por el rap
La jornada del sábado 24 de octubre comenzó con una presencia importante de artistas distritales, cuyas propuestas permitieron reconocer distintas maneras de construir el hip hop desde la capital. Dr. Skratch abrió la programación desde el tornamesismo, una práctica que encontró en su trayectoria una forma de expresión y un proyecto de vida después de crecer en Ciudad Bolívar. Su participación estuvo seguida por Most Ralf N Lark, colectivo nacido en Tunjuelito que trabaja sobre el beatmaking y la exploración sonora a partir de máquinas y equipos asociados a la producción analógica, con influencias del funk y el soul.
La programación continuó con Chelo Hop, cuyas canciones hablan de identidad, la resistencia y la experiencia femenina en un género dominado por hombres.
Desde México llegó Hispana, conocida como Mamba Negra, cuya propuesta se caracteriza por un rap directo que aborda las experiencias del barrio, la confrontación y la identidad. Su trayectoria la ha convertido en una referencia para nuevas generaciones de mujeres dentro del género, reconocimiento respaldado por su inclusión en la lista de las 50 grandes figuras de la historia del rap en español publicada por Rolling Stone.
El circuito distrital continuó con Sucio Bang, quien inició su carrera en 2014 con el sencillo “Hay algo más” y desarrolló una trayectoria que lo ha llevado a presentarse en ciudades como Ibagué, Cali, Medellín y Bogotá. Más tarde, Geassassin, Solo Cadáver y Drama Theme, también procedentes de México, presentaron el universo de Visceral, un trabajo en el que convergen sus voces, escrituras e instrumentales dentro de una misma propuesta sonora.
El tornamesismo volvió a ocupar un lugar central con DJ Karl, artista bogotano que combina técnicas como el scratch y el beat juggling con recorridos por el hip hop clásico, el rap latino y otros géneros. Su presentación precedió a la de Lianna, artista de Medellín que ha desarrollado una carrera en el R&B y el hip hop latinoamericano, reconocida por su voz y su presencia escénica.
La representación internacional continuó con La Dupla, proyecto español de rap underground que reúne la producción de Eddy Mugre y la escritura de Gaceloide. Después, El Redcode llevó al escenario una trayectoria vinculada a la calle y al transporte público, espacios desde los cuales ha construido una propuesta de contenido social que ha circulado por Colombia y otros países de Latinoamérica.
Desde Medellín, Zetazeta aportó su experiencia como MC y productor, con una escritura cargada de referencias e irreverencia, vinculada al colectivo Moebiuz. El cierre de la jornada estuvo a cargo de Ali A.K.A. Mind, uno de los nombres reconocidos del rap colombiano, cuya música cruza la tradición del rap clásico con elementos de la canción popular y una escritura atenta a asuntos como la realidad nacional, la vida en los barrios, la migración y la salud mental.
Domingo: del beatbox a las voces del rap latinoamericano
El domingo 25 de octubre, la programación comenzó con DJ RevueltaZ, artista que ha desarrollado su trayectoria alrededor del scratch, el beat juggling y las rutinas de batalla. Su trabajo con el vinilo y su recorrido por géneros como el rap, el funk, la salsa y el soul dieron paso a Roll The Voice, agrupación bogotana integrada por un DJ y cinco artistas con distintas procedencias y habilidades dentro de la cultura hip hop.
Después, Clandestino MSR llevó al escenario una propuesta underground construida desde 2010, con letras orientadas a la reflexión social y una discografía que incluye trabajos como Sangre en el Vaticano, Yugo hasta el minuto 59 y Perdono, pero no olvido.
La experimentación sonora apareció con el dúo francés Potsikei, integrado por Maass, productor y tecladista que trabaja con sintetizadores analógicos y cajas de ritmos, y Orfey, artista de beatbox y campeón francés de esta disciplina en 2020. Su propuesta combinó recursos electrónicos y ritmos vocales para construir composiciones que amplían las posibilidades de la interpretación dentro del hip hop.
Por su parte, Kain Amnistia, proyecto colombiano liderado por Mateo Cabrales, presentó una búsqueda musical que incorpora influencias del jazz, el blues, el ska, el reggae, la salsa, el rock y otros géneros. A esta diversidad sonora se suma una puesta en escena que integra recursos teatrales, expresión corporal y gestualidad.
El cartel musical continuó con Izla, desde Cali. Su propuesta mantiene las barras crudas y el sonido clásico del rap, con letras que convierten las experiencias personales y el orgullo barrial en materia de escritura, acompañadas de ritmos cinematográficos y texturas underground.
Desde Porto Alegre, Brasil, Da Guedes llevó al festival una trayectoria iniciada con el álbum Cinco Elementos, publicado en 1999. Su música representa los acentos culturales del sur brasileño y entiende el rap como una forma de pertenencia y una declaración de principios. La presencia del grupo amplió el mapa geográfico de la programación y permitió reconocer otras maneras de vincular el género con la identidad local.
El tornamesismo volvió a tener protagonismo con DJ Huex, artista con 21 años de trayectoria que ha combinado la creación musical con la mentoría, la organización y la participación como jurado en competencias formativas. Como fundador de Skratcher Colombia, su trabajo también está relacionado con la transmisión de conocimientos y el impulso de nuevas generaciones de DJs.
A continuación, Pielroja representó una conexión entre Colombia y la escena europea. Su carrera, desarrollada en buena parte en Barcelona, ha mantenido el vínculo con el rap colombiano y una tradición de escritura técnica que lo ha convertido en un artista de culto dentro del género.
La programación internacional continuó con Rah Digga y Rampage, figuras vinculadas al colectivo estadounidense Flipmode Squad y representantes de una tradición del rap de los años noventa. Rah Digga, rapera, actriz y educadora, ha desarrollado una escritura directa y una trayectoria que incluye colaboraciones con artistas de distintas vertientes de la música popular.
El cartel distrital regresó con Clafseis, intérprete, compositor y productor con más de 15 años de trayectoria, cuya obra explora la superación, la identidad, la rebeldía y el proceso artístico. El cierre estuvo a cargo de Portavoz & DJ Jopsen, desde Chile. La propuesta de Portavoz, reconocida por su mirada crítica sobre la realidad social y política, aborda las desigualdades, las luchas sociales, la memoria personal y las experiencias de las clases populares.
Breakdance: competencia, técnica e intercambio
La danza tuvo un espacio central en el festival a través de la Batalla Internacional Vía Alterna (BIVA), que reunió a cuatro artistas distritales y cuatro internacionales en una competencia concebida para el encuentro entre distintas procedencias y maneras de entender el breaking.
La agrupación Los más buscados crew de Costa Rica se llevó la victoria, en un componente que puso el foco en la destreza técnica, la creatividad y la capacidad de resolver el movimiento en el intercambio directo con otros bailarines.
El breaking, junto con el freestyle y el tornamesismo, recordó que el hip hop no se limita a la producción discográfica ni a la interpretación vocal. La danza y las prácticas del DJ mantienen una relación esencial con la cultura, tanto por sus códigos técnicos como por los espacios de encuentro, aprendizaje y competencia que generan.
Más allá de la tarima: arte urbano, emprendimiento y sostenibilidad
La programación musical estuvo acompañada por experiencias relacionadas con otras expresiones de la cultura hip hop y con la participación ciudadana. Entre ellas se encuentran las intervenciones de arte urbano de pequeño y microformato, seleccionadas mediante la Beca Museo Abierto de Bogotá - MAB, con el propósito de fortalecer una práctica responsable del grafiti en la ciudad.
Estas intervenciones se vinculan con una dimensión del festival que trasciende la exhibición artística: el reconocimiento del espacio público como lugar de creación y la búsqueda de condiciones para que las expresiones urbanas puedan desarrollarse de manera responsable.
El encuentro también contempló espacios para el emprendimiento y la circulación de productos a través de la Zona de Arte y Emprendimientos (ZAE), que este año obtuvo ganancias por $95.527.000
También contó con una amplia oferta gastronómica dirigida a los asistentes. Estas actividades permiten ampliar la experiencia del público y reconocer el papel de los emprendimientos vinculados con la economía cultural y creativa.
A ello se suma Libro al Viento, iniciativa de promoción de la lectura que incorpora la circulación gratuita de publicaciones en el contexto del festival, y EcoFestivales, la estrategia ambiental del Idartes. A través de acciones de pedagogía, orientación y separación de residuos, esta última articula a promotores ambientales, recicladores de oficio y equipos operativos para promover prácticas responsables durante el encuentro.
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En conjunto, estos componentes permiten abordar Hip Hop al Parque desde una perspectiva cultural más amplia, en la que la música convive con el arte urbano, la lectura, el emprendimiento y el cuidado del entorno.
Este contenido fue creado a partir de la información proporcionada y difundida por el Instituto Distrital de las Artes - Idartes. https://www.idartes.gov.co/es . El artículo fue curado por un o una periodista del Portal Bogotá. Si tienes alguna sugerencia, observación o necesitas más información sobre la nota publicada, puedes hacerlo a través de los canales de atención a la ciudadanía de la entidad mencionada o en Bogotá te Escucha: https://bogota.gov.co/sdqs/.








