Por: John Fredy Cortés y Sergio Grandas Medina
¡En ‘Bogotá, mi Ciudad, mi Casa’ se trabaja por la formalización de vendedores y vendedoras informales, así como de emprendedores informales! Carmen Nelly Suárez es parte de los y las beneficiarias del programa de quioscos del Instituto para la Economía Social (IPES) para quienes derivan su sustento de la economía popular en Bogotá. Esta mujer convirtió los tintos, dulces y otros productos, en conversación y en su mejor negocio. Ella hoy tiene uno de los espacios formales en el centro de la capital, que le permite derivar el sustento para su familia. ¡Conoce su historia!
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En el centro de Bogotá, en la calle 11 con carrera Novena, donde el ruido de los buses, carros y motos se mezcla con el paso apurado de la gente, hay historias que se sostienen como pequeños refugios en medio del concreto. Una de ellas es la de Carmen Nelly Suárez Torres, vendedora ambulante desde siempre, como ella misma lo dice sin rodeos.
"Una mujer emprendedora, trabajadora, esposa, madre, hermana", así se describe Carmen Nelly.
Su voz, entre pausas y risas tímidas, cuenta más de 25 años de trabajo en las calles, primero en la carrera octava y ahora en una esquina fija de la novena con calle 11, donde el azar, y un sorteo de la Alcaldía Mayor de Bogotá y del Instituto para la Economía Social (IPES), le dio la oportunidad y acceso a uno de los quioscos, que le trajo a su vida, estabilidad.
Su quiosco, ubicado en la calle 11, a pocos metros de la Plaza de Bolívar, no es grande, pero es suficiente. Allí caben las gaseosas, el tinto caliente, los dulces, las golosinas para picar mientras llega la hora del almuerzo, que acompañan las rutinas de quienes pasan hacia sus trabajos o quienes visitan la capital y su centro histórico.
"Con este quiosco, le da un mejor futuro a mis hijos. Ya ellos estudian, ya tienen un mejor futuro que el mío. Ya van a acabar a universidad", expresó Carmen Nelly.
Los días para Carmen Nelly, que empiezan hacia las nueve de la mañana y terminan al caer la tarde, de lunes a viernes.
Los sábados son de organización de su quiosco y los domingos, son sagrados, para volver a mirar a su familia: su esposo, sus dos hijos, una hermana y cuatro gatos que llegaron sin invitación, pero que se quedaron como parte del hogar. Cinco personas y cuatro animales dependen, de una u otra forma, de ese pequeño punto de venta que, más que un negocio, es un ancla.
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Conoce detalles de la historia de Carmen Nelly, en el siguiente video, publicado en la red social X de la Alcaldía Mayor de Bogotá:
Durante años, Carmen Nelly trabajó en las calles del centro de Bogotá buscando sacar adelante a su familia en medio de la incertidumbre.
— Alcaldía de Bogotá (@Bogota) July 21, 2026
Hoy, gracias a una oportunidad de formalización, cuenta con un espacio digno para trabajar y seguir construyendo un mejor futuro para sus… pic.twitter.com/lShcokj2OU
Antes de tener el quiosco, caminaba con su mercancía a cuestas, la lluvia era enemiga y la policía una amenaza constante.
Había que moverse, esconderse, resistir. Hoy, aunque no todo es fácil, la historia es distinta. El quiosco le permite planear, ahorrar de a poco, atender mejor a sus clientes y, sobre todo, quedarse.
“Ya uno tiene algo fijo”, dice, como quien resume años de incertidumbre en una sola frase.
Para Carmen Nelly los días tienen su propio ritmo: los lunes y martes son lentos, el miércoles comienza a levantar, y el viernes, cuando la ciudad respira distinto, se convierte en el mejor aliado.
Pero no todo ha sido sencillo. La pandemia la obligó a cerrar, a depender de ayudas del Distrito y a detener el tiempo laboral. También ha enfrentado robos, como aquel diciembre en que forzaron su puesto.
Desde entonces, los candados son más fuertes, casi tanto como su determinación. Aun así, Carmen Nelly no habla desde la queja, sino desde la gratitud: menciona los apoyos institucionales, las fumigaciones, los arreglos, y la posibilidad de sostener un ingreso que le ha permitido pagar arriendo y llevar a su hija hasta el final de una carrera universitaria en psicología.
En su relato no hay grandes épicas, pero sí una dignidad persistente. Carmen es rola, nacida en esta ciudad que a veces empuja, pero también ofrece oportunidades.

Entre clientes habituales y saludos lejanos de otros vendedores, ha construido una rutina que resiste. Y cuando le preguntan qué diría a quienes aún están en la calle, lo tiene claro: las oportunidades existen, aunque no siempre lleguen fácil. Hay que insistir, buscar, esperar.
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Porque, como su propia historia lo demuestra, a veces un sorteo puede cambiarlo todo, pero es el trabajo diario el que realmente sostiene la vida.
‘Bogotá, mi Ciudad, mi Casa’, es capital de oportunidades.







