¡Nunca es tarde! A los 92 años, Ismenia López culminó básica secundaria y quiere ser bachiller en Bogotá

26·SEP·2026
Su historia no habla de una meta alcanzada en el pasado, sino de un propósito que sigue construyéndose en el presente.
Foto que muestra una mujer sonriente Foto: Secretaría de Educación
Para ella, volver a un salón de clases significa recuperar una oportunidad que le fue negada cuando era niña.

¡En Bogotá, mi Ciudad, mi Casa la educación transforma vidas! Hay sueños que esperan años para hacerse realidad, como el de Ismenia López, quien, a sus 92 años, culminó la educación básica secundaria y avanza para convertirse en bachiller en un colegio de Bogotá. 

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Cada sábado se dirige al colegio CEDID de Ciudad Bolívar. Allí comparte con estudiantes y profesores, aprende nuevas materias, hace tareas y, sobre todo, disfruta de una experiencia que durante buena parte de su vida parecía imposible.

Ismenia fue desplazada por la violencia desde muy pequeña y, al crecer, tuvo que dedicar sus esfuerzos al trabajo y a sacar adelante su vida. La educación quedó entonces en segundo plano. Pasaron los años y aquel deseo de estudiar permaneció pendiente hasta que conoció un programa de bachillerato flexible que le permitió regresar a las aulas.

“Me siento muy contenta y agradecida con Dios porque he tenido la oportunidad de estudiar y porque profesores y compañeros me tienen mucha paciencia. Cuando vengo al colegio todos me saludan, a veces me aplauden y dicen: llegó la quinceañera”, cuenta entre risas.

Su llegada al colegio no pasó desapercibida. Aunque es una de las estudiantes de mayor edad, Ismenia rápidamente se ganó el cariño de quienes comparten con ella las jornadas académicas.

Entre clases, descansos y conversaciones, ‘Monchita’, como le dicen de cariño, también se convirtió en una voz de experiencia para sus compañeros. Habla con ellos, comparte historias de la Biblia y aprovecha cada oportunidad para aconsejarlos y animarlos a tomar buenas decisiones.

Su compromiso con el estudio continúa después de las clases. En casa revisa qué tareas tiene pendientes, organiza los materiales que necesita y procura completar cada actividad.

“Ella es muy dedicada al estudio, le gusta mucho. Sale de clase pensando en llegar a la casa a hacer las tareas. Siempre está pendiente de lo que tiene que hacer. Yo me siento muy orgullosa de verla estudiar y de acompañarla en este proceso”, dice su hija Raquel.

Una historia que también se construye en familia

Raquel es una de las personas que ha estado más cerca de Ismenia durante este regreso a la vida escolar. Cada sábado la acompaña al colegio, la ayuda con sus trabajos y permanece a su lado durante la jornada.

El entusiasmo de ‘Monchita’ es tan grande que incluso deben organizar con anticipación las actividades familiares para que pueda cumplir con sus compromisos académicos. Su hija cuenta que algunas veces Ismenia se despierta de madrugada pensando que ya debe levantarse para ir a estudiar.

La familia, además, encontró en las nietas que viven fuera del país otra fuente de motivación. Ellas hablan con su abuela todos los días y una de sus preguntas habituales es cómo le fue en el colegio.

“Es increíble que mi madre a su edad quiera terminar el colegio. Su mejor motivación es la de mis hijas que están fuera del país. Ellas hablan con mi madre todos los días y siempre le preguntan: ‘¿cómo le fue en el colegio?’. Y ella cuenta todo lo que le pasa en la jornada. Para nosotros es una bendición y un ejemplo muy grande”, relata Raquel.

El primer gran paso llegó hace unos meses, cuando Ismenia recibió su diploma de educación básica secundaria. El documento certifica un logro académico, pero para ella representa algo mucho más profundo: la posibilidad de demostrar que las circunstancias de la vida pueden aplazar un sueño, pero no necesariamente impedir que se cumpla.

Ismenia tiene claro el mensaje que quiere dejarles a quienes la conocen: estudiar no es una oportunidad reservada para una determinada edad.

“La edad no debe ser un impedimento para estudiar, por el contrario, debe ser esa oportunidad que todos deben tener. El colegio es el lugar que nos ayuda a ser mejores y a crecer”, afirma.

A sus 92 años, Ismenia todavía tiene tareas por entregar, materias por aprender y un grado décimo por terminar. Su historia no habla de una meta alcanzada en el pasado, sino de un propósito que sigue construyéndose en el presente.

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Este contenido fue creado a partir de la información proporcionada y difundida por la Secretaría de Educación del Distrito https://educacionbogota.edu.co/ . El artículo fue curado por un o una periodista del Portal Bogotá.
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