¡Aquí sí pasa! En Bogotá, mi Ciudad, mi Casa avanzan las obras de la Línea 1 del Metro de Bogotá. Entre vigas, grúas y concreto, un equipo de biólogos trabaja a diario para que aves, mamíferos y hasta reptiles no terminen atrapados en la obra de infraestructura más grande de la ciudad. Paul Peña, biólogo con cinco años en el proyecto, explica cómo funciona ese trabajo puertas adentro.
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El viaducto de la Línea 1 del Metro de Bogotá atraviesa localidades densamente pobladas, pero también corredores verdes, humedales cercanos y zonas donde durante años ha convivido una fauna urbana silenciosa: torcazas, comadrejas, búhos y hasta aves que migran desde Canadá.
¿Cómo se logra que estos animales no entren a una zona de obra activa, con maquinaria pesada, ruido constante y riesgos por todos lados? Según cuenta Peña, la respuesta no está solo en lo que se hace hoy en el viaducto, sino en un trabajo que arrancó desde antes de que comenzara la construcción. En la etapa preconstructiva se hizo una caracterización completa de la fauna presente en toda el área de influencia del proyecto: qué especies había, en qué cantidad y en qué zonas.
Ese inventario inicial es la base de todo lo que viene después, porque a partir de él se diseñó una estrategia distinta para cada grupo de animales (aves, mamíferos, anfibios y reptiles) en lugar de una solución genérica para todos.
Ahuyentar sin lastimar
La herramienta principal para mantener a la fauna alejada del viaducto es el ahuyentamiento, que combina dos tipos de estímulos:
- Estímulos activos: recorridos permanentes por los frentes de obra en los que el propio equipo genera ruido y movimiento en las zonas críticas, justo antes de que empiece la actividad constructiva del día.
- Estímulos pasivos: dispositivos que trabajan de forma constante sin necesidad de una persona presente. Entre ellos hay globos con forma de ojos de ave (efectivos contra azulejos, ciriris y copetones) y siluetas de aves rapaces como halcones, búhos y águilas, que también funcionan con especies migratorias que pasan por la ciudad en ciertas épocas del año.
A esto se suma un recurso menos evidente: emisores de sonido de baja frecuencia, casi imperceptibles para el oído humano, pero suficientemente molestos para los animales como para que prefieran mantenerse lejos de las zonas de riesgo.
Peña explica que ningún método funciona igual para todas las especies: los estímulos auditivos dan mejor resultado con mamíferos, como comadrejas y curíes, mientras que los visuales son más efectivos con aves como azulejos, canarios y mirlas. Por eso el equipo decide qué técnica usar dependiendo de qué animal predomina en cada tramo del viaducto.
Vigilar todos los días
El ahuyentamiento no funciona solo: viene acompañado de monitoreo permanente. A diario, el equipo recorre los distintos frentes de obra registrando qué especies aparecen y en qué cantidad. Esta información no solo sirve para saber si el plan está dando resultado, sino que permite ajustar las técnicas de ahuyentamiento en tiempo real si una especie empieza a comportarse de forma distinta o si aparece en una zona nueva.
A pesar de todas las medidas de ahuyentamiento, es inevitable que algunos animales terminen en zonas de riesgo, sobre todo cuando se trata de nidos. Si el equipo encuentra un nido activo —con huevos o polluelos—, la zona se señaliza y se aísla de inmediato, y la obra se suspende ahí hasta que los pichones completen su ciclo biológico y puedan volar. Solo entonces se retira la estructura. Si el nido está abandonado, se baja de inmediato para evitar que otra ave lo reutilice y frene el avance de la construcción.
Cuando aparece un animal vulnerable dentro del área directa del proyecto, por ejemplo, estresado o con movilidad limitada, se activa el protocolo de rescate y entrega a la Secretaría Distrital de Ambiente de Bogotá (SDA) o a URRAS, el centro de rehabilitación de fauna de la Universidad Nacional, si el animal necesita atención veterinaria.

Un compromiso que se nota
Peña es enfático en un punto: nada de esto sería posible sin una decisión institucional clara. “La cultura ambiental en los proyectos de infraestructura suele ser pobre, porque el enfoque es netamente constructivo y económico”, aclara que ese no es el caso de la Línea 1 del Metro de Bogotá.
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El proyecto destina un rubro importante y un equipo permanente de profesionales al manejo de fauna y flora silvestre, algo que, según reconoce el propio biólogo, no es lo habitual en obras urbanas del país.
Este contenido fue creado a partir de la información proporcionada y difundida por la Empresa Metro de Bogotá (EMB) https://www.metrodebogota.gov.co/ . El artículo fue curado por un o una periodista del Portal Bogotá. Si tienes alguna sugerencia, observación o necesitas más información sobre la nota publicada, puedes hacerlo a través de los canales de atención a la ciudadanía de la entidad mencionada o en Bogotá te Escucha: https://bogota.gov.co/sdqs/.






