Niños ‘vuelven a vivir’ gracias al baloncesto

con medidas de bioseguridad niños disfrutan de los espacios al aire libre Matías (23) y Mateo soñaban con volver a jugar baloncesto
Publicado:
23
Dic
2020
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“Volví a vivir, volví a vivir…”, no deja de repetir el pequeño Matías, de nueve años, al recordar qué significó para él, volver a entrenar al lado de sus compañeritos del equipo de baloncesto, de los que, por la pandemia, debió alejarse y estar encerrado en su casa durante ‘eternos’ ocho meses.

Después de tres fines de semana de haber dejado los entrenamientos virtuales y de volver a ver sus amigos del equipo, allí en el Parque Recreodeportivo El Salitre, Matías no duda en afirmar que, “es muy chévere, me siento más vivo”, mientras enseña con orgullo la camiseta amarilla en la que tiene estampado el número 23, que distinguió al ídolo Michael Jordan. “Es felicidad, armonía, corazón, compasión”, agrega su hermano gemelo, Mateo, también de pelo rizado.

“Les encanta, llevan casi cuatro años entrenando. Estos meses de aislamiento tuvieron días muy muy complicados, pero también fueron una oportunidad de practicar en la casa y hacer otras cosas; pero igual fue duro porque no es igual entrenar de manera virtual”, dice Jorge, su padre, quien agrega que “se sienten super contentos y la motivación no era la misma al usar herramientas como Zoom para entrenar desde la sala del apartamento”.

Matías y Mateo son dos niños de los cerca de cincuenta que, en los soleados y azules sábados y domingos de diciembre, en medio de las más estrictas medidas de bioseguridad, disfrutaron de oír de nuevo un sonido que extrañaban mucho y que tanto les apasiona: el que produce la pelota naranja al rebotar contra el piso.

“El hecho de driblar, pelotear y lanzar el balón, lo que no podían hacer en casa, fue maravilloso para ellos; el verse nuevamente, pues no es igual hacerlo por cámara, chocar el puño, reírse; además, estamos en las canchas como en un bosque, rodeados de naturaleza, es super”, afirma Yenny Pinilla, una excapitana de la Selección Colombia de baloncesto, que con su escuela lleva 22 años entrenando a niños y jóvenes en esas tradicionales canchas del Instituto Distrital de Recreación y Deporte.

“Hacemos los entrenamientos con todos los cuidados debidos; no hay contacto físico de nadie contra nadie; es un trabajo individual, precisamente para prevenir. Es la manera de demostrar que podemos hacer actividad, que podemos venir, que estamos al aire libre.  Siempre va a haber un riesgo, pero si nos cuidamos y hacemos todo lo que tenemos que hacer con protocolos de bioseguridad vamos a estar bien. Estamos un poco más alejados pero seguimos haciendo deporte, que les ayuda muchísimo pues volvieron muy mal físicamente y en un comienzo con el tapabocas se ahogaban, pero ya se acostumbraron”, asegura la entrenadora que no deja de animarlos a todos.

“¡Vamos Antonella, muy bien!”, grita una mamá a la vez que aplaude a su hija que, como tratando de recuperar el tiempo perdido por el encierro, corre con el balón por una pista salpicada de conos y obstáculos. “¡Qué maravilla. Muy bien Samu!”, dice otro, mientras Nicolás, el más pequeño de todos, con algo más de un metro de estatura, trata de meter el balón en un aro improvisado debajo de la cesta en otro sector de una de las canchas. “Dale campeón”, le apoya su papá.

Niños disfrutan de jugar al aire libre

Al final y después de una hora de entrenamiento, con la distancia recomendada, comparten un refrigerio previo al cese por las fiestas de fin de año, siempre acompañados por sus papás que valoran el que sus hijos hayan podido volver a hacer deporte, conscientes de la importancia en su desarrollo y crecimiento físico y emocional pues, para los pequeños, volver a ver a sus compañeros y jugar al aire libre fue uno de los momentos más importantes de sus cortas vidas, marcadas ya para siempre por el paso y los cambios que originó el covid-19.