El pasado 28 de enero, el liderazgo femenino se ratificó en Bogotá con la posesión de cinco mujeres como autoridades indígenas. Esta toma de mando se dio en el marco de la ceremonia simbólica que reunió a las gobernadoras y gobernadores de los catorce pueblos que hacen parte del Consejo Consultivo Distrital, establecido en el Decreto 612 de 2015.
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De este grupo, resaltó la figura de la lideresa Diana Tombe Montano, quien asumió su segundo mandato en la historia del pueblo Misak Misak (ya lo había ejercido anteriormente en 2022) con el objetivo de velar por la pervivencia, permanencia y persistencia de su comunidad. La gobernadora señaló, además, que otro objetivo: “visibilizar, desde mi vestido propio, mi idioma propio, en el caminar por la ciudad, el dialogar con los demás”.
Su papá y sus hermanos permanecen en su territorio ancestral, en el Cauca. Ella vive en Bogotá con sus dos hijos y su esposo. Acá hace parte del equipo de profesionales que vela por el bienestar de niñas, niños y sus familias en el Punto de Articulación con la Secretaría Distrital de Integración Social, en Fontibón, donde vive como varias personas de su pueblo.
Preparada para dar continuidad a los procesos
Los Misak Misak cuentan con una importante presencia en ocho departamentos del país, entre los que figura la capital, en donde se hay cerca de 300 familias, de acuerdo con información dada por la lideresa indígena.
Para Diana, su mayor aporte a la capital es su humildad y conciencia ambiental.
“Somos personas trabajadoras, que de forma permanente invitamos a los demás a cuidar la naturaleza, que es lo que nos hace respirar el aire puro”.
Algunas personas de su comunidad han logrado prepararse para ser bachilleres y profesionales. La mayoría de los hombres de este pueblo originario trabajan en zonas industriales, construcciones y en sectores como flora y agricultura en Fontibón, Funza y Mosquera (Cundinamarca).
Ella hace parte del grupo de personas del pueblo que logró formarse profesionalmente y ejercer su carrera:
“Soy licenciada en Educación Comunitaria, con énfasis en Derechos Humanos; llevo casi alrededor de 12 años trabajando con los niños de la primera infancia, con la Casa de Pensamiento Misak”.
A pesar de que concentra gran parte de su tiempo en esta labor, permanece atenta al desarrollo de un buen trabajo en equipo con las instituciones distritales para acceder a la garantía de sus derechos, materializada en logros como la Casa del Pensamiento y el reconocimiento del sistema de salud propia.
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También resalta la capacidad de liderazgo de las mujeres indígenas como factor que les ha permitido ganar muchos espacios.
“Las mujeres tenemos las mismas habilidades en la fuerza del caminar y de luchar por nuestros derechos como pueblos originales”.
Esta persistencia ha permitido que, poco a poco, la administración distrital y los pueblos indígenas se pongan de acuerdo en sus tiempos y objetivos.
“Mi vestir representa el ciclo de vida vital”
Su atuendo también hace parte de los elementos que conforman su identidad y representa su ciclo de vida Misak. Desde el estiral que cubre su cabeza, narra su territorio y los límites, lo denominan Puetewari.
Su vestir también tiene profundos significados en el collar que porta, que representa “la pureza de nosotros como pueblo; todo el vestido es una relación con la naturaleza”. Diana resalta los colores azul y rojo en el reboso, que es la prenda que cubre sus hombros:
“el azul es la representación del agua, de las lagunas, de la lluvia y demás. Y el rojo es la relación que tiene con la recuperación de nuestro territorio, en donde muchos de nuestros mayores, lastimosamente, perdieron la vida”.
También describe el chumbe, un tipo de faja ancestral “que contiene diferentes figuras y colores que representan la madre tierra y el arco iris”. Uno de los artículos que la acompañan, y que erróneamente es interpretado como un bastón de mando por las personas ajenas a los Misak Misak, es denominado pØrøtsik (peretsik):
“llamarlo bastón no da para el pensamiento Misak. Y el peretsik no tiene traducción, porque es algo sagrado y es algo también espiritual”.
Tejer relaciones y encuentros
Diana siempre porta en sus manos agujas e hilos para tejer. Son elementos que provienen de la ancestralidad y educación propia de su pueblo:
“Viene desde el nachak, donde el rol de la mujer no es cruzar las manos sino siempre estar tejiendo; y no tejer por tejer: se trata de tejer la comunicación, la oralidad y el escuchar”.
Finalmente, Diana reconoce que Bogotá le ha brindado muchas oportunidades al pueblo Misak:
“Bogotá es un espacio muy lindo, de donde son originarios los Muiscas. Esta ciudad nos ha dado oportunidades, pero también muchos retos como pueblo Misak”.
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Bogotá promueve el liderazgo de la mujer en todos los niveles. El ejemplo de Diana ratifica a la capital como un escenario que valora la diversidad y el aporte de sus pueblos étnicos. La historia de esta lideresa es el resultado de una ciudad que se construyó a partir de las manos de personas migrantes y de los pueblos originarios del país.
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