¡Aquí sí pasa! En Bogotá, mi Ciudad, mi Casa cuidamos a las personas mayores. Las manos de Jairo Córdoba Corredor no han olvidado su oficio. Se mueven con la precisión de quien aprendió desde muy joven el arte de transformar la madera en muebles finos. A sus 65 años, conserva en su celular algunas fotografías que prueban su talento: bibliotecas talladas, comedores, piezas hechas con detalle y profesionalismo.
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Sus ojos, que durante décadas observaron vetas y medidas, hoy permanecen atentos al compañero de la cama 21, cuyo nombre a veces se le escapa de la memoria. “Por estar malito de la vista se le pierden las cosas; por eso, yo soy los ojitos de él aquí”, dice con un tono sereno.
Jairo es uno de los beneficiarios del Centro Sociosanitario Salud y Vida de Kennedy, con capacidad para 50 personas mayores de 60 años que han vivido en calle o están en riesgo de estarlo, y que enfrentan situaciones de abandono hospitalario, condiciones críticas de salud y ausencia total de redes de apoyo.
Este modelo integral de atención —el segundo con estas características en Bogotá, después del abierto en diciembre de 2025 en Puente Aranda— articula a las secretarías de Integración Social y de Salud para brindar alojamiento digno, alimentación con enfoque nutricional, atención médica, acompañamiento psicosocial, dotación básica y, si se requiere, incluso servicio funerario. Su propósito es claro: recuperar la salud, fortalecer la autonomía y facilitar la transición hacia una nueva oportunidad de vida.
A este centro llegó Jairo en diciembre, tras ser dado de alta del Centro de Salud La Perseverancia. Había ingresado por urgencias luego de sufrir un infarto. “Yo iba pasando por la Décima y se me fueron las luces; hasta ahí me acuerdo. Cuando volví a despertar, el médico y la enfermera me estaban metiendo un tubo para poder respirar”, recuerda.
Antes de su hospitalización, enfrentaba un deterioro severo producto de la desnutrición, la vida en calle y las inclemencias del clima. Pesaba apenas 36 kilos. “Con los cuidados en el hospital y el suero que me pusieron logré recuperarme. Allá ayudaba a las enfermeras y al personal de aseo en lo que podía”, cuenta con entusiasmo, reflejando su necesidad de sentirse útil.
Esa misma actitud la mantiene hoy. Su jornada comienza a las 4:30 de la mañana con un café o una aguapanela. Luego tiende su cama, desayuna y participa en actividades que fortalecen su salud física y emocional. También colabora en pequeñas tareas diarias del servicio en su proceso de recuperación y reafirmación personal.
En Salud y Vida ha encontrado algo que no tenía: una red. Sus compañeros se han convertido en su familia temporal. Entre conversaciones, terapias y rutinas compartidas, Jairo ha recuperado peso, fuerza y esperanza.
Sabe que su permanencia allí es transitoria. Lo repite con convicción y sin miedo. Confía en que alguien necesite nuevamente de sus manos creativas. Está listo para volver a trabajar la madera, para lijar, ensamblar y dar forma a nuevas piezas que, como él, han resistido el paso del tiempo.
Porque si algo no perdió Jairo Córdoba Corredor fue su oficio, su energía, solidaridad y la esperanza de tallar nuevamente.
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Este contenido fue creado a partir de la información proporcionada y difundida por la Secretaría de Integración Social https://www.integracionsocial.gov.co/ . El artículo fue curado por un o una periodista del Portal Bogotá. Si tienes alguna sugerencia, observación o necesitas más información sobre la nota publicada, puedes hacerlo a través de los canales de atención a la ciudadanía de la entidad mencionada o en Bogotá te Escucha: https://bogota.gov.co/sdqs/.






