De sanar cosiendo a emprender con elegancia: el renacer de Alexandra Oliveros

13·FEB·2026
Alexandra descubrió que crear no solo calmaba su mente, también despertaba su disciplina.
Imagen de Alexandra posando para la foto Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá
La historia de Alexandra no es la de un éxito instantáneo, sino la de una transformación paciente.

Por:  John Fredy Cortés

¡Aquí sí pasa! En Bogotá, mi Ciudad, mi Casa impulsamos los emprendimientos. Cuando Alexandra Oliveros habla de su emprendimiento, no lo hace como quien describe un negocio, sino como quien narra una recuperación. Sus manos, hoy ocupadas entre telas, agujas y pantuflas, fueron primero una respuesta urgente a un momento oscuro. Una depresión la obligó a detenerse y a escuchar una recomendación médica sencilla pero decisiva: encontrar una actividad que absorbiera su atención, que le devolviera propósito. Así nacieron sus primeras pantuflas, hace cinco años, en un pequeño espacio doméstico que pronto se convirtió en taller, refugio y escuela de vida.

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Lo que comenzó como terapia fue tomando forma empresarial. Alexandra descubrió que crear no solo calmaba su mente, también despertaba su disciplina. Aprendió a medir el tiempo en puntadas, a traducir emociones en diseños y a convertir la constancia en oportunidad. Vender no fue fácil al principio; el mercado local presentaba retos. Sin embargo, su trabajo empezó a viajar más lejos de lo que imaginaba: buena parte de sus productos encontró compradores en el exterior, confirmándole que su esfuerzo tenía valor más allá de las fronteras.

Imagen de las pantuflas

En paralelo, Alexandra entendió que el talento necesita estructura. Buscando fortalecer su idea, llegó a los programas de la Secretaría Distrital de la Mujer de Bogotá (SDMujer), a través de referencias del CDAC y la Cámara de Comercio de Bogotá. Lo que pensó como una capacitación puntual se convirtió en un proceso continuo de casi tres años. Curso tras curso, encontró algo más que formación técnica: halló un espacio seguro para preguntar, equivocarse, reconstruirse.

Describe ese proceso como un respaldo integral. Allí reforzó habilidades empresariales, pero también algo menos visible y más profundo: la confianza. “Uno se fortalece por dentro”, resume. Para Alexandra, esas capacitaciones no solo ordenaron su emprendimiento; reorganizaron su manera de verse a sí misma. Con esa base, llegó otra oportunidad: una beca para trabajar en remanufactura de prendas elegantes junto al diseñador Alejandro Crocker. El nuevo aprendizaje amplió su horizonte creativo. Ya no solo fabricaba pantuflas; transformaba prendas con criterio estético, precisión y una visión más ambiciosa del oficio.

Pero quizá el capítulo más significativo de su historia ocurre en compañía. Alexandra vive con su madre, una adulta mayor, y decidió integrar a personas mayores en su dinámica productiva. No habla de empleo en términos tradicionales, sino de colaboración y dignificación. Observó cambios concretos: mejor ánimo, mayor energía, incluso mejoras en indicadores de salud. Para ella, mantener activas a estas personas es reconocer su experiencia y su necesidad de sentirse útiles. “La sabiduría no se jubila”, parece decir su práctica cotidiana.

Imagen de Alexandra

Su taller terminó siendo también un espacio de encuentro intergeneracional, donde el trabajo manual se convierte en conversación, compañía y autoestima compartida. Allí, la productividad tiene un valor social: teje vínculos, combate el aislamiento y devuelve sentido de pertenencia.

Después de años de formación constante, Alexandra reconoce que el verdadero impacto no está solo en el crecimiento económico, sino en el empoderamiento personal. Hoy participa en ferias, activa redes sociales, construye marca y se mueve en circuitos donde antes no se imaginaba. Cada paso reafirma una convicción que ahora comparte con otras mujeres: capacitarse no es un lujo, es una herramienta de autonomía.

Su mensaje es directo y generoso: salir del encierro cotidiano, reservar tiempo para sí mismas y construir metas propias no compite con la vida familiar; la fortalece. Cuando una mujer se siente realizada, dice, todo a su alrededor encuentra equilibrio.

Imagen de Alexandra Oliveros

La historia de Alexandra no es la de un éxito instantáneo, sino la de una transformación paciente. Pantuflas que nacieron como terapia, prendas que renacen con elegancia, adultos mayores que recuperan vitalidad y una mujer que convirtió la capacitación en plataforma de vida. En cada puntada hay disciplina, pero también una declaración silenciosa: sanar también puede ser un acto creativo.

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