El día que los ‘sayas’ asesinaron a ‘La Gata’ en el Bronx

Yo participo

18•Sep•2019

Recuerdo aquellos hermosos ojos verdes de aquella joven de escasos 15 o 16 años, quien a su corta edad era pieza clave de uno de los ganchos para atrapar incautos o atraerlos con su sensualidad y belleza. 

Ella, de buena familia, como me lo contó en las pocas oportunidades que tuve para hablar con ella, cuando me pidió el favor de hacerle una llamada a su tía, para que le dijera simplemente que estaba bien, que ella la llamaba la próxima semana. Era lógico que no pudiera llamar estando dentro del Bronx  pues estaba muy comprometida y su vida correría peligro.

Fueron varias semanas en las cuales la vi ir y venir dentro del Bronx, entrando siempre con clientes de diferentes géneros (hombres, mujeres), clientes además mayores que pagaban por sus servicios desde 500.000 hasta 1’000.000 de pesos.

De vez en cuando hablaba con ella agradecida por el favor hecho (La llamada), y me decía que estaba desesperada, aburrida de estar allí pero que no se podía ir porque había un ‘Saya’ que estaba enamorado de ella, y la tenía amenazada, que si se iba la buscaría y la mataría, no solo a ella sino también a su tía.

Ella era una adicta compulsiva más, como lo éramos los miles de personas que habitábamos el Bronx.

Pero este episodio sucedió un día sábado. Ella, la ‘Gata’, estaba feliz. Me estrellé frente a frente con ella, y pude ver que en sus hermosos ojos se reflejaba un brillo de felicidad. 

En ese momento yo le pregunté - ¿A qué se debe tanta dicha? Y ella me respondió. - Es probable que hoy por fin salga de este infierno, ¡quizás hoy sea el último día en esta mierda de vida que llevo aquí! - 

Yo volteé a cerciorarme de que ningún ‘Saya’ nos estuviera observando, pues hablar con ella era bastante peligroso, pues ‘La Gata’ era mercancía de los ‘Sayas’, es decir, pertenecía a la familia de quienes controlaban todo en el Bronx, a la familia de la muerte. 

Siendo aproximadamente las 7 de la noche de ese mismo sábado, veo que ‘La Gata’ sube con un tipo de unos 55 a 60 años bien vestido, entran a un edificio donde se arrendaban habitaciones de mala muerte, y detrás de ellos va un ‘Saya’. No logro reconocerlo ya que lleva un gorro pasamontañas en su cabeza.

Siendo casi las 9 de la noche, veo al señor deambulando por las calles del Bronx como si estuviera bajo los efectos del alcohol, pero no veo a ‘La Gata’ con él. Al rato ella baja con el ‘Saya’ encapuchado. Discuten y ella se ve algo inquieta. 

En ese momento, el ‘Saya’ la lleva a la oficina, yo estoy a 50 metros aproximadamente del episodio en medio de la multitud. Ella me observa y yo la veo con temor y miedo. Ya del brillo de felicidad de horas atrás no hay rastro. La conducen al edificio. Yo me siento en frente de este edificio a consumir con la esperanza de ver de nuevo a ‘La Gata’ salir por esa puerta de la oficina.

A pesar de saber qué pasaba con todas las personas que se llevaban los ‘Sayas’ a ese edificio, tenía la esperanza de volverla a ver. Pero la verdad es que muy rara vez alguien salía con vida de ese sitio.

Pasaron las horas y nunca volví a ver a ‘La Gata’ salir del edificio. A los pocos días, corrió el rumor de que la habían asesinado por haber robado aquel cliente, pero ese quizás no fue su error de peso.

Dicho cliente resultó ser familiar de un ‘Saya’, y esto le costó la vida a ‘La Gata’. Todo esto se supo días después, pues en el Bronx podemos aplicar ese refrán que dice “pueblo pequeño…infierno grande “.

En mi soledad lloré. Lloré de rabia, de tristeza, de impotencia, de solo pensar que era una niña que en medio de tanta maldad y vida infernal, con tan solo  16 años, podría haber sido mi hija.   

Por: Luis Guillermo Vallejo

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Subido por Vieda (no verificado) el Mié, 21/08/2019 - 16:40

Ooooo que historia y que tristeza era una niña y el humo de la olla la absorbió....