Sandra y Magaly, mujeres luchadoras que tejen esperanza en Bogotá, mi Ciudad, mi Casa

8·MAR·2026
Son beneficiarias del Centro de Desarrollo Comunitario José Antonio Galán en Puente Aranda, donde aprenden macramé en alianza con el SENA.
Imagen de las dos mujeres tejiendoFoto: Alcaldía Mayor de Bogotá
Conoce la historia de dos mujeres que inspiran y demuestran que la discapacidad visual no limita sus sueños ni sus proyectos.

¡Aquí sí pasa! En Bogotá, mi Ciudad, mi Casa ofrecemos cursos para desarrollar habilidades. Cuerdas de algodón se entrelazan de izquierda a derecha, formando nudos y figuras gracias a las manos habilidosas de dos mujeres que han convertido el macramé en una oportunidad para demostrar que la discapacidad visual no es un obstáculo para superarse.

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Se trata de Sandra Medina Boada y Magaly Segura, habitantes de la localidad de Puente Aranda y beneficiarias de los cursos que el Centro de Desarrollo Comunitario José Antonio Galán, en alianza con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), ofrece a la comunidad.

Ambas conviven con una discapacidad visual, pero esto no les impide desarrollar sus habilidades en el arte del macramé, que consiste en anudar cuerdas o hilos para crear diseños decorativos como mochilas, bolsos e individuales.

Sandra vive en la Urbanización Bosque de los Comuneros, a tan solo diez minutos del centro. Su mayor apoyo es su esposo, quien también comparte la misma condición visual. “Los dos nos hemos apoyado en todo. Yo cuidé a mi madre durante 15 años y él estuvo siempre a mi lado. Ahora estamos solitos, pero es mi gran ayuda”, afirma.  Además, destaca la compañía de Violeta, su perra guía desde hace siete años: “Me lleva a todos los lugares con más seguridad y rapidez que con el bastón”.

Por su parte, Magaly recorre unos quince minutos desde el barrio Colón, donde vive con su esposo y su nieta, para llegar al centro comunitario. Allí, asegura sentirse agradecida con la profesora y sus compañeras: “La profesora es muy paciente, muy bonita, sabe cómo guiarnos, y las compañeras son serviciales y colaboradoras”.

Sandra, quien ya había participado en otros cursos, y Magaly, que se vinculó hace apenas dos meses, coinciden en que la discapacidad nunca debe ser vista como un impedimento. Ambas invitan a otras personas en su misma condición a luchar por sus sueños y buscar actividades que disfruten: “Nosotras podemos desarrollar todas las actividades en igualdad de condiciones como cualquier persona”, destacan.

El grupo de tejedoras, conformado por 35 personas, está dirigido por la diseñadora de modas e instructora del SENA, Mery Páez Pineda, quien guía a sus estudiantes en la elaboración de cojines, tapetes, tapices y piezas de lencería para el hogar. “Estoy feliz con el grupo, especialmente con nuestras dos compañeras con discapacidad, porque se desenvuelven muy bien. Con paciencia y cariño todo se logra, y comprobamos que las verdaderas limitaciones están en la mente”, asegura la instructora.

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