Campeona, entrenadora, esposa y madre, así es Alicia Milena Romero Cabrera, una cartagenera adoptada por Bogotá, mi Ciudad, mi Casa. Tras un año fuera del país, regresó a la capital para dirigir al Equipo Bogotá de Levantamiento de Pesas pensando en alcanzar medallas a mediano y largo plazo.
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Siendo la cuarta de cinco hermanas, Alicia ha trabajado 13 años con el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) en el sector de alto rendimiento. En 2025 hizo una pausa y se fue a trabajar a Paraguay para ayudar en ese país al proceso de los Juegos Suramericanos Junior, que se realizarán en Panamá del 12 al 25 de abril de 2026.
Este año vuelvo a mi casa, donde he sido entrenadora mucho tiempo. Estoy feliz y dispuesta a darlo todo para volver a poner en alto a Bogotá, dijo.
En 2026, tras su regreso, tiene el reto de recuperar a las estrellas lesionadas, y orientar a las nuevas generaciones como parte de la preparación del Equipo Bogotá para los Juegos Nacionales 2027 y, los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Dentro del grupo sobresalen atletas como Jenny Álvarez, Santiago Rodallegas, Rosivé Silgado, Alejandra Álvarez.
Actualmente es la entrenadora del IDRD, y está también con la Selección Colombia en la categoría U7. De hecho, será quien dirija en el Mundial Juvenil de Cali del cinco al 11 de julio.
Una historia de sacrificio, dedicación y entrega

Alicia Milena Romero Cabrera nació en Cartagena el 11 de julio de 1975 en el hogar de Arcelio y Alicia, siendo la cuarta de cinco hermanas (Sulay, Sandra, Patricia y luego de ella, la menor, Marisela), y la única que se dedicó al deporte.
Estudió en el Colegio Comfenalco donde se lucía en las clases de educación física. Allí conoció diversas disciplinas hasta que llegó al levantamiento de pesas, donde daría los primeros pasos en su carrera como una histórica deportista.
Terminó el bachillerato y se fue a estudiar Nutrición y Dietética en la Universidad del Atlántico. Se vinculó a la Liga de ese departamento y fue campeona en los Juegos Nacionales de 1996.
A finales de los noventa, Bogotá la invitó a competir por la capital, estudiar en el Distrito y comenzar a ser dirigida por los entrenadores Pedro Clavijo y el cubano Madrid Alquer.
En 1999 aceptó la propuesta y llegó a la capital a entrenar y formarse en Educación Física en la Corporación Universitaria Cenda, donde hizo la carrera técnica y profesional. Cerró su ciclo académico en la Universidad del Cauca donde realizó la Maestría en Deporte y Actividad Física.
Ya vinculada al IDRD, recibió el apoyo necesario dentro del programa “Deportista Apoyado”. Sus grandes condiciones en la halterofilia le permitieron poder entrenar de día y estudiar de noche. En los Juegos Nacionales de 2000 compitió por Bogotá. Sus logros fueron varios, hasta que llegó la lesión que la hizo poner fin a su carrera deportiva.
Al retirarse, fue vinculada laboralmente al Instituto en el área de recreación bajo la dirección de Óscar Ruiz. Luego en 2012 pasó a Jornada Escolar Complementaria en un colegio de El Tunal, como entrenadora y formadora en levantamiento de pesas. En 2015 asumió el equipo de rendimiento.
He tenido grandes deportistas como Estiven Villar, un talentoso que infortunadamente sufre una enfermedad que lo ha ido menguando. Y otros como Yenny Álvarez, aguerrida y campeona mundial, Santiago Rodallegas, Rosivé Silgado, Alejandra Álvarez, todos en proceso de recuperación de fuertes lesiones, como te dije, y las ya retiradas Leidy Solís y Ubaldina Valoyes, admirables todos, comentó.
Alicia está casada con Edwin Cabezas, quien también fue deportista y hoy trabaja también en la parte deportiva. Tienen tres hijas: Susan, Olga Sofía y Abigail. Son cristianos y, a pesar de las ocupaciones, todos los domingos van a la iglesia.
En ese grupo de nuevo valores de las pesas en Bogotá, entra su hija Olga Sofía Cabezas Romero, quien a sus 14 años tiene muy buena talla, contextura física y ha sido campeona nacional infantil. El rol de madre ha hecho de Alicia una mujer estricta pero maternal, una combinación que le ha dado.
Uno como entrenadora pasa a jugar un papel muy importante para el deportista. Ellos, por diversos motivos, a veces viven momentos de soledad, como que se sienten abandonados, que nadie les presta atención cuando requieren una voz de aliento, de apoyo para tranquilizarse, solucionar y que se encarrilen de nuevo. Yo me identifico mucho con ellos y así he aprendido a entenderlos, a decirles que sé que ellos no son máquinas, que son seres humanos y que tienen sentimientos, como cualquiera, y que por eso los entiendo, aseguró.
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