Por:John Fredy Cortés
¡Aquí sí pasa! En Bogotá, mi Ciudad, mi Casa trabajamos para reducir las brechas sociales. En una casa del barrio Gran Britalia, en la localidad de Kennedy, las tareas escolares dejaron de depender únicamente de la pantalla de un celular. Durante mucho tiempo, Yasmín Nova Pulido vio cómo sus dos hijos, de 14 y 11 años, hacían consultas, investigaban y cumplían con sus deberes académicos utilizando el teléfono de su mamá como única herramienta tecnológica en el hogar.
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Ama de casa y dedicada también a realizar manualidades para ayudar económicamente a su familia, Yasmín nunca imaginó que una llamada cambiaría la dinámica de su hogar. Había escuchado en las noticias sobre el programa Conexión Social, una iniciativa de la Alcaldía Mayor de Bogotá, en alianza con ETB - Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS), para llevar internet y computadores a familias vulnerables de la ciudad. Sin embargo, pensó que era algo lejano, una ayuda destinada para otros hogares.
Pero en diciembre de 2025 llegó la primera noticia inesperada: su familia había sido beneficiada con servicio gratuito de internet. Desde entonces, asegura, la conexión se convirtió en una herramienta fundamental para sus hijos.
“Ha sido excelente. No se cae y les sirve mucho para las tareas”, cuenta Yasmín mientras recuerda cómo cambió la rutina de la casa desde que instalaron el servicio.
Aunque el internet resolvió parte del problema, todavía existía una gran dificultad: no tenían computador. Las consultas escolares seguían haciéndose desde el celular, compartiendo tiempos y espacio para poder cumplir con las actividades académicas.
Por eso, cuando recibió una nueva llamada anunciándole que había sido seleccionada para recibir un computador gratuito, la sorpresa fue aún mayor. “Yo dije: ¿en serio?”, recuerda entre risas. Al principio dudó, pero días después confirmó que sí aparecía registrada como beneficiaria.
Hoy la entrega del nuevo computador para su hogar estuvo acompañada de emoción, nervios y sonrisas. En medio del proceso administrativo, las firmas y las explicaciones por parte del señor alcalde Mayor de Bogotá, Carlos Fernando Galán sobre la garantía del equipo, Yasmín observaba la caja cerrada del computador como quien está a punto de abrir una puerta importante para su familia.
Mientras el alcalde Galán le explicaba cada detalle del proceso, también le recordaban la importancia de cuidar y aprovechar la herramienta. Ella escuchaba atenta, pensando seguramente en las oportunidades que ahora tendrían sus hijos.
Cuando finalmente abrió la caja, la escena pareció la de un niño estrenando juguete en Navidad. Su hijo, quien ya había aprovechado durante siete meses el servicio de internet del programa, no ocultaba la felicidad. En el hogar ya se imaginaban un futuro diferente: tareas más fáciles, investigaciones más rápidas y nuevas posibilidades de aprendizaje.
La emoción era sencilla, genuina y profundamente cotidiana. No se trataba solamente de recibir un aparato tecnológico. Para esta familia, el computador representaba acceso, tranquilidad y oportunidades.
Yasmín insiste en que estos programas deben aprovecharse y valorarse. También aclara algo importante: nunca le cobraron dinero por el beneficio. “Hay que darle gracias a Dios y a todos los que hacen posible estas oportunidades”, afirma con emoción.
Al final de la jornada, con el computador cuidadosamente guardado en una bolsa para llevarlo a su casa, Yasmín se despidió agradecida. Caminó de regreso con la satisfacción de saber que, desde ese hoy, sus hijos tendrán una nueva herramienta para construir sus sueños.
En una ciudad donde miles de familias todavía enfrentan brechas digitales, historias como la de Yasmín muestran que para muchos hogares un computador no es simplemente tecnología: es una posibilidad de avanzar.
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