‘Bogotá, mi Ciudad, mi Casa’ se compromete con el cuidado ambiental. Consuelo Sánchez lleva más de siete años liderando la Red de Cuidadores del Bosque Urbano Parkway en Bogotá, un grupo de mujeres de Teusaquillo con el corazón enraizado en este tesoro verde de 800 metros lineales. Durante este tiempo, ha perfeccionado sus sentidos.
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Solo necesita escuchar el canto de un ave para saber la especie que emite la melodía, ya sea residente o migratoria. No requiere de libros botánicos para identificar de qué árbol o arbusto son las hojas que cubren el suelo de su adorado bosque.
“Estos conocimientos los he adquirido a través de un proyecto de ciencia participativa del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) liderado por Ángela Montoya, una bióloga con la que trabajamos en nuestro propio proyecto de investigación”.
Cuando recorre el Parkway en el barrio La Soledad, Consuelo hace uso de sus sentidos para analizar el estado de las coberturas vegetales, como los más de 500 árboles y arbustos y decenas de jardines biodiversos.
“Varias veces termino el recorrido con el corazón roto y lleno de rabia. Lamentablemente, algunas personas no sienten amor por la naturaleza del bosque: lo llenan de basura, hacen sus necesidades en él y vandalizan o afectan el arbolado y las zonas ajardinadas”.
Consuelo también conoce las señales que dan los árboles cuando algo los está perjudicando, como el amarillamiento o caída de sus hojas debido al posible accionar de un insecto, hongo o bacteria.
“Este año he evidenciado que varios de los 113 urapanes del Parkway, los árboles más antiguos de este bosque urbano y que pueden estar cercanos a una edad de siete décadas, están sin follaje o con las hojas muy amarillas”.
Un urapán ubicado en la calle 37 con carrera 24, un gigante longevo que Consuelo ve a diario desde una ventana de su apartamento, la tenía bastante angustiada: el verde intenso y frondoso de sus hojas ha palidecido aceleradamente durante los tres primeros meses del año.
“Aunque sé que los urapanes son caducifolios, es decir árboles y arbustos que pierden sus hojas en algunas épocas del año, algo me decía que el hermoso gigante que veo desde mi hogar necesitaba de la ayuda de los expertos del JBB”.
Encuentro amistoso
Consuelo, que trabajó durante varias décadas como periodista, empezó a escribir una solicitud al JBB para que algún profesional o experto en sanidad vegetal analizara los urapanes que veía afectados.
Gustavo Ardila, ingeniero agrónomo del grupo de investigación aplicada en coberturas vegetales de la Subdirección Técnica Operativa y que trabajó varios años en el equipo de Manejo Integral de Plagas y Enfermedades (MIPE), se le adelantó.
El experto en tratamientos fitosanitarios para fortalecer los árboles adultos le dijo a Natalia Rocha, profesional social del JBB en la localidad de Teusaquillo, que quería brindarles una clase de endoterapia a las mujeres de la red de cuidadores.
“Es uno de los tratamientos más efectivos en el arbolado adulto de Bogotá. Con Angie Moncada, ingeniera forestal con la que lidero varias investigaciones, diseñamos un taller práctico para las guardianas del Parkway”.
Cuando Natalia se comunicó con Consuelo y le contó sobre la futura clase de endoterapia, la líder de la red brincó de felicidad: durante muchos años, Gustavo tuvo a su cargo los tratamientos fitosanitarios de los árboles adultos del Parkway.
“Es un profesional maravilloso que mantuvo verdes y hermosos los árboles del bosque. Además de la efectividad de sus tratamientos fitosanitarios, en especial en los urapanes, sangregados y chicalás, Gustavo es un gran maestro que siempre nos explica sus técnicas”.
El encuentro fue en el monumento del Almirante Padilla, a pocos metros del urapán con hojas amarillas que le genera angustia a la líder ambiental. Consuelo y Gustavo no pudieron ocultar la felicidad al verse después de un largo tiempo; antes de charlar, se abrazaron.
“Creo que no nos veíamos desde hace más de un año, cuando le hiciste la aspersión foliar a los sangregados para mitigar las afectaciones de la polilla Sangalopsis”, mencionó Consuelo. “El tratamiento fue muy efectivo: hay polillas, pero no se devoraron todas las hojas”.
Gustavo enseguida empezó a compartir nueva información.
“La polilla ahora se llama Drymoea veliterna. Efectivamente veo muy bien a los sangregados, pero considero que ya es el momento de una nueva aspersión porque los insectos están poniendo las larvas”.
El ingeniero agrónomo le preguntó por las otras mujeres de la red de cuidadores, como María Victoria Mogollón, Evangelina Núñez y Martha Castillo, lideresas verdes del Parkway que también conoció cuando estaba en el equipo MIPE.
“Por compromisos familiares o médicos, no nos pudieron acompañar. Sin embargo, te mandaron muchos saludos y yo me encargaré de compartirles toda la información que voy a aprender en la clase de endoterapia”.
Terminado el anhelado encuentro, el profesional del JBB comentó que la clase de endoterapia que iba a realizar con la ingeniera forestal Angie Moncada hace parte de las actividades que realizará la entidad en el marco del Día Internacional de los Bosques.
“Esta fecha ambiental se realiza el 21 de marzo y todos los grupos de la Subdirección Técnica Operativa harán actividades durante toda la semana. La mía y de Angie es un regalo para ustedes: un taller didáctico para que conozcan todos los detalles de la endoterapia”.
Clase de sanidad vegetal
Consuelo, Gustavo, Angie y la profesional social Natalia Rocha caminaron hacia el urapán que tenía la mayoría de sus hojas amarillas, ubicado en una de las esquinas del tramo final del Parkway.
Al llegar, el investigador y experto en sanidad vegetal realizó una revisión ocular en el individuo arbóreo con más de 20 metros de altura. Primero analizó las ramas y el color de las hojas y luego fijó sus ojos en el tronco.
“El insecto que más afecta al urapán es el chiche Tropidosteptes chapingoensis. Esta plaga se detectó en 1993 y ha provocado deterioro en muchos de los urapanes de Bogotá; sin embargo, al parecer este individuo no tiene serias afectaciones por su presencia”.
“¿Y entonces por qué tiene las hojas tan amarillas?”, le preguntó Consuelo. Gustavo le respondió que su estado puede estar relacionado con la falta de nutrientes. “Es decir que necesita de una endoterapia”.
Mientras Angie alistaba los insumos para realizar el tratamiento, como varios dispositivos llenos con una mezcla de color blanco, un taladro, un martillo y conectores de plástico, el ingeniero inició su clase.
“La endoterapia es un método por el cual le damos al árbol nutrientes, inductores de resistencia, fungicidas o insecticidas a nivel vascular, es decir que es un tratamiento fitosanitario que va en el interior del individuo arbóreo”.
El experto les explicó a Consuelo y Natalia que este tratamiento consiste en hacer pequeñas perforaciones alrededor del tronco que deben llegar hasta la madera del árbol, es decir donde está el xilema o el tejido conductor.
“En cada perforación se instala un conector y luego un dispositivo que tiene los agroinsumos, una mezcla fitosanitaria que depende de la problemática que vamos a tratar, como el ataque de insectos, bacterias y hongos o un déficit nutricional”.
Según Gustavo, cuando el dispositivo se coloca en el conector, la mezcla llega al xilema y este lo trasloca a las hojas, quienes cumplen la función de la fotosíntesis.
“Como todo queda en las hojas, las plagas se alimentan de ellas y ahí realizamos el control”.
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Taller práctico
Consuelo es una periodista que no ha perdido su gusto por la escritura. Siempre lleva un cuaderno para anotar los registros de flora y fauna del Parkway o los nuevos aprendizajes que le comparten los profesionales del JBB.
Sin embargo, debido a la gran cantidad de información técnica que estaba recibiendo en la clase de endoterapia, le pidió permiso a Gustavo para grabar sus declaraciones. “No quiero que se me pase nada; toda la información se la voy a compartir a mis compañeras de la red”.
Finalizada la parte teórica de la clase, los dos ingenieros del JBB pasaron a la práctica. En el urapán que Consuelo ve todos los días desde la ventana de su apartamento, explicaron y realizaron el paso a paso de la endoterapia.
“Lo primero que se debe hacer es un diagnóstico del árbol para saber qué tratamiento fitosanitario podemos adelantar. Luego, con guantes especiales, preparamos la mezcla con los agroinsumos, la cual siempre tiene como base un fertilizante y un inductor de resistencia”.
Si el árbol está afectado por insectos, es necesario aplicar un insecticida.
“Si su afectación es por hongos, es decir que tiene manchas foliares, complementamos la mezcla con un fungicida. Por eso debemos analizar muy bien el estado de cada individuo arbóreo”.
Con una cinta métrica, Angie midió el perímetro del tronco del urapán para calcular el número de orificios, conectores y dispositivos.
“En este urapán vamos a instalar 11 en forma de zigzag y a 30 centímetros de distancia entre cada uno”.
Gustavo encendió un taladro inalámbrico y con la broca de metal abrió 11 orificios.
“La broca debe estar a baja velocidad para no cauterizar el tejido. Los huecos se abren en posición horizontal y a 180 grados; esto permite que, cuando llueva, el agua no se meta en el orificio”.
El paso a seguir fue ubicar los conectores de plástico en los pequeños huecos utilizando un martillo de goma.
“Deben quedar bien fijados porque los dispositivos tienen mucha presión y los pueden sacar; todo el procedimiento debe realizarse utilizando guantes”.
Luego, los ingenieros instalaron a presión los 11 dispositivos que tenían la mezcla fitosanitaria en una protuberancia parecida a una barriga.
“Debemos esperar entre 10 y 15 minutos hasta que la protuberancia desaparezca; esto indica que el árbol ya absorbió los agroinsumos”.
El último paso es retirar los dispositivos y conectores del tronco. “Los orificios que abrimos con la broca no necesitan de ningún cicatrizante. El árbol, por sí solo, se encarga de sellarlos en un tiempo prudencial”.
Este procedimiento fue repetido en un urapán de la calle 39 con carrera 24, un árbol longevo que había perdido gran parte de su follaje. “Como no tenemos certeza de la presencia del chinche, en ambos árboles aplicamos insecticida”.
Muchos aprendizajes
Como toda buena periodista, Consuelo tenía muchas preguntas para complementar la información fitosanitaria que había recibido por parte de Gustavo y Angie. La primera fue cada cuánto se debe o puede realizar la endoterapia.
“Este tratamiento fitosanitario se hace mínimo cada seis meses. Antes no es recomendable porque las perforaciones que hacemos para instalar los dispositivos son heridas que necesitan de un tiempo para recuperarse”.
La líder de la red de cuidadores también preguntó si otras especies arbóreas pueden recibir este tratamiento. Gustavo le contestó que la mayoría de los árboles son aptos para esta inyección medicinal.
“La hacemos en los árboles adultos que no se pueden fertilizar por vía edáfica debido a que están ubicados en zonas duras. También en los individuos que se caracterizan por su gran tamaño o que están en vías con un alto flujo vehicular y peatonal”.
El urapán, según el ingeniero, es la especie que más recibe endoterapias en Bogotá. “Como su altura es superior a los 20 metros, no se le pueden hacer aspersiones foliares. La endoterapia se realiza en árboles con un perímetro del tronco mayor a los 50 centímetros”.
“¿Y en los sangregados? Este es uno de los árboles más representativos del Parkway, 108 individuos en total, y me gustaría que también recibieran esa medicina por vía interna para evitar posibles afectaciones en los polinizadores”, expresó Consuelo.
Gustavo fue tajante al asegurar que la endoterapia no es apta para esta especie:
“Los sangregados tienen tejidos estructurales a nivel interno que no cicatrizan fácilmente. Si les abrimos orificios, no van a cicatrizar y se puede generar pudrición”.
La ronda de preguntas continuó con los impactos o afectaciones que le podrían causar los productos de este tratamiento a la fauna que habita o visita el bosque urbano. “¿Las aves se verían afectadas?”, preguntó la apasionada por la fotografía de naturaleza.
“No. La endoterapia es el tratamiento menos invasivo porque va por vía interna. No hay contaminación ni muerte de los polinizadores. El producto llega a las hojas del árbol y solo se las van a comer los insectos que lo están afectados”.
El experto complementó que los agroinsumos de este procedimiento no se traslocan a las flores o frutos de los árboles.
“Nunca va a generar una disminución en los polinizadores porque los insumos no llegan al néctar”.
La clase de endoterapia que recibió Consuelo en el marco del Día Internacional de los Bosques le dejó muchos aprendizajes. Todos los videos que grabó se los va a compartir a las demás mujeres de la Red de Cuidadores del Bosque Urbano Parkway.
“También voy a solicitar que el grupo MIPE venga al Parkway a tratar con endoterapia todos los urapanes. Estos árboles no reciben dicho tratamiento desde hace más de un año y lo necesitan para fortalecer su follaje”.
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Este contenido fue creado a partir de la información proporcionada y difundida por el Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis https://jbb.gov.co/ . El artículo fue curado por un o una periodista del Portal Bogotá. Si tienes alguna sugerencia, observación o necesitas más información sobre la nota publicada, puedes hacerlo a través de los canales de atención a la ciudadanía de la entidad mencionada o en Bogotá te Escucha: https://bogota.gov.co/sdqs/.






