¡Aquí sí pasa! En el Centro de Cuidado Transitorio Cundinamarca se escucha una guitarra y una voz que entona: “…quisiera que mi vida regresara hacia el pasado, tener 20 años menos y volverte a conocer…”. Quien canta es Héctor Barreto González, uno de los usuarios del servicio de la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS), que atiende a personas mayores de 60 años en condición de calle o en riesgo de estarlo.
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La música está en su ADN. Nació en el Tolima, un departamento reconocido por su tradición musical, y Héctor no es la excepción. Aunque no tiene una guitarra propia, ha tenido la fortuna de encontrar una en los lugares por los que ha pasado.
Su talento también lo acompañó en los momentos más difíciles. Estuvo privado de la libertad por más de una década en las cárceles La Modelo y El Barne, en Combita, Boyacá. “Con la música, los años en prisión se hicieron más llevaderos, sin tanta penuria”, cuenta Héctor, quien asegura que pagó por un delito que no cometió, pero que marcó su vida para siempre.
Antes de su paso por prisión, ya había enfrentado situaciones adversas. Fue víctima de desplazamiento forzado mientras vivía en la Costa Caribe con su segunda esposa, lo que lo llevó a trasladarse a Medellín, donde trabajó durante tres años en el cableado de telecomunicaciones.
“En el año 2000 empezó mi calvario. Me vi disminuido; trabajé con mis hermanos en el transporte y, finalmente, tuve un problema. No tenía recursos para pagar un abogado, me asignaron uno de la Defensoría y perdimos el caso”, relata hoy Héctor, a sus 69 años de vida.
Hace dos años recuperó la libertad, pero sus recuerdos siguen presentes. “Llegué a este Centro porque quedé desvinculado de mi familia. En los primeros años de prisión aún lo recuerdan a uno, pero con el tiempo se van olvidando”, dice, al referirse a sus dos hijas y el hijo, quienes viven en diferentes lugares.
Hoy, el Centro de Cuidado Transitorio se ha convertido en su refugio. “En este lugar encontré un punto de apoyo, un oasis”, afirma Héctor, quien además espera una indemnización por vía administrativa tras su reconocimiento como víctima del conflicto armado.
El arte como refugio
Ahora, su red de apoyo está conformada por las personas con quienes comparte a diario. Ellas lo motivan a cantar en celebraciones y encuentros. “Soy el único que toca la guitarra. Dios da los talentos y los dones, y nunca los quita”, dice Héctor a la salida de una improvisada presentación.
No hay celebración en la que no estén presentes su guitarra, sus boleros, valses y alguna que otra ranchera. Desde temprano, combina su rutina entre la música y la lectura. “En la prisión estudié Teología, y eso me ha ayudado mucho a afrontar estos momentos”, explica Héctor.
La lectura también se ha convertido en un refugio. Encuentra inspiración en la vida de Nelson Mandela, con quien siente afinidad por las circunstancias que enfrentó.
Aunque aún no ha podido publicar su libro Tú puedes, en el que narra sus vivencias y aprendizajes, espera reunir los recursos necesarios para hacerlo realidad.
“Si pudiera tener 20 años menos, no volvería a cometer errores. Uno es fruto de sus decisiones: separarme de mi primera esposa, desviarme por el dinero y hacer malas inversiones”, concluye Héctor.
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Este contenido fue creado a partir de la información proporcionada y difundida por la Secretaría de Integración Social https://www.integracionsocial.gov.co/ . El artículo fue curado por un o una periodista del Portal Bogotá. Si tienes alguna sugerencia, observación o necesitas más información sobre la nota publicada, puedes hacerlo a través de los canales de atención a la ciudadanía de la entidad mencionada o en Bogotá te Escucha: https://bogota.gov.co/sdqs/.






